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Domingo, 30 de agosto de 2026

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Una piedra en el arcén acaba con la Vuelta de Pogacar: clavícula, vértebra y quirófano

El esloveno se fue al suelo a 32 kilómetros de meta mientras bebía, con una sola mano en el manillar. Llevaba el maillot rojo, tres etapas ganadas y ningún abandono en toda su carrera profesional.

R Redacción
Tadej Pogačar con el maillot amarillo en el Tour de Francia
Tadej Pogačar con el maillot amarillo en el Tour de Francia Foto: Vlada Republike Slovenije · Dominio público · Wikimedia Commons

Estaba bebiendo. Eso es todo. A 32 kilómetros de meta, con una mano en el manillar y la otra en el bidón, Tadej Pogacar pisó una piedra en el arcén y se fue al suelo de la peor manera posible. Cuando se levantó el polvo, el líder de la Vuelta estaba tendido en el asfalto con la ceja abierta, sin poder levantar el brazo izquierdo.

El parte que firmó horas después Adrian Rotunno, director médico del UAE Team Emirates-XRG, explica por qué no hubo discusión posible: conmoción cerebral, fractura desplazada de la clavícula izquierda, fractura cervical estable en la C7 y abrasiones múltiples. Necesitará pasar por quirófano para la clavícula, aunque la operación se retrasa precisamente por la conmoción. La única línea tranquilizadora del comunicado es que no hay otras lesiones graves ni secuelas neurológicas.

Quiso seguir

Lo más revelador de la jornada no fue el diagnóstico, sino el forcejeo previo. Joxean Fernández Matxin, mánager general del equipo, contó que Pogacar intentó levantarse y volver a la bicicleta. Que se agarró el brazo con la otra mano para tratar de subirlo. Que hablaba de las grapas en la ceja como si fueran un trámite.

“De moral está destrozado. Ha intentado seguir, se quería sujetar el brazo para levantarlo, pero cuando hemos visto que no podía continuar hemos decidido que fuera a la ambulancia.”

Fue el equipo, no el corredor, quien puso el punto final.

Lo que se lleva por delante

El daño deportivo es difícil de exagerar. Pogacar dominaba la carrera desde el primer día, acumulaba tres victorias de etapa y estaba en camino de completar el único hueco que le quedaba en el palmarés: la Vuelta. Nunca había abandonado una carrera por etapas como profesional. Ni una.

Y hay una segunda cuenta pendiente. El Mundial de Montreal se corre el 27 de septiembre, apenas un mes después, y el esloveno iba a por su tercer título consecutivo. Una clavícula operada y una vértebra fracturada convierten esa fecha en poco más que un deseo.

El gesto de Mas

El maillot rojo pasó a Enric Mas, que ahora manda con más de un minuto sobre sus perseguidores. En el podio, el balear se negó a ponérselo. Lo sostuvo con las manos y lo dejó ahí.

“Sé que esto es deporte y ciclismo, pero Tadej se ha caído y yo no he ganado La Roja. Creo que no ponérmelo ahora es una forma de mostrarle respeto.”

Mas reconoció que no vio la caída. Cree que se produjo justo detrás de él, tras un bandazo del pelotón hacia la izquierda, y dijo que la vería en el autobús. Después cambió de tono para hablar de lo que viene: “Ahora empieza otra carrera”.

Tiene razón, aunque no de la manera que le gustaría. Hereda un liderato que nadie va a discutirle por mérito propio hasta que la montaña vuelva a ordenar las cosas, y con la sensación incómoda de que la Vuelta que iba a decidirse en la carretera se ha decidido en una cuneta.

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